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Crear Objetivos

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Cómo crear objetivos según la ley del Atractor

 

Por Daniel Álvarez Lamas

Jung trabajaba escuchando cómo el cliente contaba sus sueños y fantasías y desde ahí le ayudaba a construir una solución, en un proceso interactivo que llamaba proceso de individuación.

Milton Erickson le daba la vuelta a la historia del cliente con reencuadres que le cambiaban por completo su forma de vivir situaciones antes extremadamente dolorosas.

En la metodología del coaching se utiliza aquello que es central en la Gestión de la Vida: la ley del Atractor.

En este artículo queremos aportar este otro punto de vista para comprender el poder de algo central para el coaching como es el establecimiento de objetivos… y cómo sacarle aún más partido.

Podemos acudir a la amplia bibliografía que existe sobre la importancia de establecer objetivos en psicología del deporte (Locke, Brian, Latham, Unestahl, etc.) o en coaching (Whitmore, O’Connor, etc.).

Es conocido que establecer una meta es básico para:

Orientarnos para saber que el esfuerzo está en la buena dirección.
Motivarnos por tener en mente el fruto de dicho esfuerzo.
Organizarnos para diseñar un plan de acción y el primer paso.

Pero en este contexto, preferimos acudir a autores que profundizan en el papel del atractor como ley natural. La meta puede verse, desde nuestro punto de vista, como el atractor que influye decisivamente en el comportamiento humano.

¿CUÁL ES EL CONCEPTO DE ATRACTOR?

Como dicen Rupert Sheldrake, Conrad Waddington o René Thom entre otros, la vida crece a partir de que tiene unos patrones (genéticos) muy claros de a qué tiene que llegar, en qué tiene que convertirse, qué tiene que conseguir:

“En muchos modelos de cambio, el fin u objetivo se concibe implícitamente como un atractor por analogía con la gravitación… La metáfora principal es una cuenca a la que se arrojan pequeñas bolas. Las bolas ruedan alrededor de la cuenca a diferentes velocidades y ángulos, pero acaban en el mismo lugar, el fondo de la cuenca, que es el atractor.” (Rupert Sheldrake, El espejismo de la ciencia).

Ante cualquier obstáculo que encuentre por el camino, la raíz o el tronco buscarán crecer para convertirse en lo que estaban destinados a ser desde que fueron semilla.

El papel de los objetivos está plenamente explicados en muchas investigaciones de psicología, coaching, etc. Una referencia sencilla y muy sólida es la de Lars Eric Unestahl, psicólogo sueco pionero del entrenamiento mental.

Un ejemplo muy sencillo es…¿qué sucede cuando te diriges desde tu casa a un sitio que está cerca de tu trabajo? Pues, como tienes el hábito de hacer ese recorrido, cuando te das cuenta has llegado inconscientemente a tu trabajo.
¿Qué se puede hacer para evitarlo? Pues lo que hacemos de forma más o menos inconsciente cuando nos vamos a dirigir a un lugar: imaginarlo y después imaginar el camino o los puntos de máxima atención del mismo.

Para mí el concepto de Atractor es más claro y poderoso. La gestión de la vida de cualquier animal se basa en este principio universal de conocer cuál es el fin de su comportamiento, por tenerlo registrado en sus genes ¿cómo podría el ser humano o la mente ser diferentes?

La maravillosa precisión del león cuando está cazando sería imposible de coordinar si no tuviera como máxima referencia la de cazar su pieza. Todas sus acciones, en cierto grado condicionadas y en cierto grado improvisadas, tienen como principio organizador esa meta.

Realmente es como la bola dentro de una cuenca que describe Sheldrake: toda la capacidad del león está perfectamente armonizada por el destino de cazar su pieza para generar su comportamiento óptimo. Gracias a esa meta, consigue su mejor versión.

La pregunta que surge a la hora de gestionar los problemas, a la hora de afrontar nuestra sombra, es ¿aprovechamos al cien por cien el poder organizador de establecer la meta? ¿Somos conscientes de su efecto atractor?

Ésta es la razón de la importancia que damos en coaching 4 evolutions a ayudar al cliente a crear su objetivo y, a partir de él, la Visión Deseada.

En este proceso, creemos por tanto necesario dos fases:
1. Una definición racional del objetivo, con las condiciones necesarias de concreción, en positivo y dentro del radio de acción.
2. Como dice Jung en la frase antes mencionada, “El proceso simbólico es un vivenciar en imagen y de la imagen.”

Sin esta segunda fase, no se desencadena el poder inconsciente del atractor. Si vivenciamos nuestro objetivo, él tirará de nosotros como tira del león para crear una sinfonía de movimientos armónicos.